Yo soy el árbol seco, que mira la luna
en silencio, y espera día a día…
Soporta cada rayo de un sol que lo calcina,
sólo para volver a ver su distante y querida musa.
Y que al ver la rosa, bañada en rocío;
que ha brotado a sus raíces,
regada a cada noche y día por su llanto,
y acogida por su lúgubre sombra;
que roja y hermosa creció.-
Piensa, cada que las estrellas encienden sus luces,
en ofrecerla a la luna, que quiere tanto,
como un regalo que mudo guardaba.
Y no es la primera rosa,
que a sus pies florece,
y es por que teme
sufrir de nuevo, por la misma cosa.
Aquella flor, que de su memoria llega;
con cariño y tristeza,
fue el regalo que entregó a ésa,
que el caos oculta con su belleza.
Que sin siquiera observar el presente,
acabó con él, altanera,
y destrozó con éste
la esperanza de él, una primavera.
Esa rosa, que contrasta
con su triste apariencia,
puede sonar hermosa o siniestra,
pero unida a su amor entero está.
Y cada espina, que la rosa
posee unida a su ser,
y también cada hoja,
debe, sin duda, ser
el triste pasado que el árbol,
en cada lágrima discreta,
su locura segrega,
dejándola caer.
La luna eres tú,
¿acaso no lo sabes?
La luna eres tú,
Y yo sólo un cobarde.

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