Cada día tiene su ofício, siempre tenemos algo nuevo que aprender y eso nos sirve en nuestra vida diaria para crecer. Aprendemos cosas nuevas que debemos detenernos a pensar el porqué suceden, las aceptemos o no. Estemos de acuerdo con ellas o no. Por ejemplo; cuando alguien nos dice no “te amo” y tú estás de necio insistiendo en algo que simplemente no se da. Amas a esa persona, pero esa persona por ti, de plano, no siente lo mismo. Y por más que le das vuelta en tu cabeza el porqué, al final tratando de buscar tres piezas al gato, te das cuenta de que éste tiene cuatro. Y que cegarte no tiene caso, estarías viviendo una ilusión y no una realidad, y entonces ves que sólo te aferras a lo que puede ser un imposible.
¿Cuántos de nosotros no hemos ya pasado por una experiencia de estas? La verdad que la mayoría tenemos que afrontar tarde o temprano una desilusión. ¿Por qué a mí? Nos preguntamos, lo cierto es que tenemos que vivirlo, sino cómo habríamos de diferenciar entre ser correspondido y no serlo. Tan gratificante que es tener un amor que te quiere de vuelta, que tiene las mismas ganas de verte que tú, y que no tienes que andar ahí rogando por que te sedan su espacio, recogiendo literalmente las limosnas que éste te puede dar. Como vulgarmente diríamos, ¿Te están cagando, no?
A qué nos sabe que andamos arrastrando la cobija por alguien que nos desprecia, pasando por alto el amor propio, nuestra dignidad, y los enormes deseos que tenemos cada uno de nosotros de ser felices. Un día un amigo me dijo, “Los zapatos ni a la fuerza entran” es como echarte un balde de agua helada. Ya si no comprendemos esta frase es que de plano nos inclinamos por ser masoquistas, por andar llorando en los rincones, y sufrir inútilmente por algo que no es para uno. Ya sabemos que, a veces, retrocedemos cuando nos pega la nostalgia duro, y recordamos los momentos que vivimos al lado de esa persona, su sonrisa, su aroma, la mirada, la forma en que nos llamaba, y una serie de emociones, que nos despertaba, pero si nos estancamos en ello, no permitiremos que la realidad nos golpeé a la cara, diciéndonos que en los planes de la otra persona no entras. “No me quiere? Será! =S”.
La vida, les juro, no termina con alguien que nos dice adiós, y que no nos toma en cuenta como nosotros a ella. Mierda!, si tenemos tantitas ganas, salgamos a las calle y veremos que por ahí podemos encontrarnos de pronto con esa personita especial, que nos prestará su atención y sobre todo su interés. No perdamos el tiempo inútilmente sembrando en campos infértiles, donde no se dará ni un cactus. Si giramos 180% grados nos daremos cuenta de las otras personas atractivas que deambulan por ahí, esperando como uno a su otra mitad. El otro día al abrir mis ojos, ¡Dios mío!, pude darme cuenta del maravilloso paisaje que me estaba perdiendo, y sobre todo que no se esforzaba ni tantito en esbozarme una maravillosa sonrisa que me cautivó, poniéndome a pensar en las cientos de opciones que todos tenemos y que por cerrarnos a otras oportunidades, las dejamos pasar.

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